domingo, 27 de agosto de 2017

Reseñas: Seminario “De un Otro al otro.” – 1ra sesión

 1ra sesión, 13/11/68, “De la plusvalía al plus de gozar”

 Lacan comienza afirmando que la esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras, articulando las nociones de discurso y estructura, preanunciando la escritura de los cuatro discursos que emprenderá en el seminario próximo (“El reverso del psicoanálisis”)

Luego hace alusión al estructuralismo, que por aquellos días constituyó una etiqueta “para englobar a unos cuantos cuyo trabajo había trazado hace mucho tiempo algunos caminos de este discurso.” (pág 11, Edición Paidós)

Este seminario debe contextuarse en los acontecimientos de mayo de 1968 y en las disputas teóricas entre el existencialismo y el estructuralismo.

Lacan plantea que hay una homología entre la plusvalía marxista y el objeto a, lo que designará con el concepto de plus-de-gozar.
El discurso analítico demuestra en la renuncia al goce, un efecto del discurso.
En este contexto, el discurso es articulado al campo del Otro, en homología con el mercado en el circuito de la plusvalía.
“El plus de gozar es función de la renuncia al goce por el efecto del discurso. Eso es lo que da su lugar al objeto a (… ) así, el plus de gozar permite aislar la función del objeto a.” (pág. 18)

En la continuación afirma que  el discurso implica al sujeto, como lo que el significante representa para otro significante, lo que supone una “pérdida de mismidad”: “ ¿cómo algo de éste sujeto que desaparece cuando surge (…) puede constituirse y hacerse pasar por algo que se satisface por ser idéntico a sí mismo?” (pág. 20)
“Hay una pérdida de identidad que se llama, hablando con propiedad, objeto a. Esto es lo que indica la teoría de Freud respecto a la repetición.” (pág. 20)
“En nuestro nivel sólo cuenta esta pérdida. No idéntico de aquí en más a sí mismo, el sujeto ya no goza. Algo está perdido y se llama el plus-de-gozar.” (pág. 20)
Para dar cuenta de esta pérdida, Lacan afirma que las configuraciones económicas son más propicias que las provenientes de la termodinámica, que se le ofrecían a Freud.
En la definición del sujeto como causado por la relación intersignificante, se plantea algo que “nos prohíbe para siempre atraparlo”.

Sin embargo, esto da ocasión de percibir que lo que da la unidad al sujeto es el fantasma ($ a), la relación, la soldadura, el congelamiento que hace posible unificar un sujeto como sujeto de todo discurso. (pág 21)
El fantasma entonces es lo que brinda la consistencia de esa relación entre sujeto y objeto, donde se produce algo que ya no es sujeto ni objeto, sino un congelamiento del efecto de significación.

Por apertura del juego del organismo, el objeto puede asumir la figura de estas entidades evanescentes cuya lista va del seno a la deyección, de la voz a la mirada: son fabricaciones del discurso de la renuncia al goce. En torno de ellos puede producirse el plus de gozar. (pág. 21)

El Otro es el campo de la Verdad donde el sujeto adquiriría consistencia, pero no hay en el campo del Otro la posibilidad de entera constitución del discurso.
Si la consistencia no puede asegurarse en el Otro, ¿dónde está la Verdad sino en aquello por lo que responde la función del objeto a?.

Reseña: Sebastián Sica

Breve nota sobre el ingreso: la función del barquero.



                                   Breve nota sobre el ingreso: la función del barquero.


En la mitología griega, Caronte ( ‘brillo intenso’) era el barquero del Hades, el encargado de guiar a las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte si tenían un óbolo para pagar el viaje- razón por la cual en la Antigua Grecia los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, tiempo después del cual Caronte accedía a llevarlos sin cobrar.

La pregunta que ponemos en forma es: ¿Cómo resolver el ingreso a un dispositivo de formación de psicoanalistas sin apelar a procedimientos burocráticos que pongan en primer plano criterios de pertenencia -a tal o cual “facción” de pensamiento teórico- o de política del psicoanálisis?
Es sabido que en determinados ámbitos, la cuestión del ingreso se promueve mediante rituales consistentes en que el candidato se presente ante una comisión o algún  tribunal (o figuras semejantes), y exponga las razones de su voluntad, las que luego son “evaluadas” en función de ideas coloridas, tales como “el deseo decidido”, “el deseo del analista”, “con quien se analiza”, “si su analista es analista” (¿?) y demás.
Nada que objetar a tales mecanismos – sólo el interrogante acerca de si no se trata de formas ligadas al discurso del Amo como aquel que dicta lo que marcha y lo que no marcha -reverso del discurso analítico que Jacques Lacan propone para los dispositivos de formación.
Pero ¿de qué modo se supone que dichos coloridos criterios resulten una garantía para propiciar un colectivo de trabajo que intente fundarse en el discurso analítico?
Más aún: ¿desde qué lugar se emiten los juicios y se producen las evaluaciones acerca del “deseo del ingresante”? ¿Acaso desde un lugar de saber a priori sobre eso que permitiría responder por sí o por no?
Dado que no es el Significante Amo (S1) sino  el objeto a el que comanda en  el discurso analítico, entonces nuestra respuesta provisoria será: ninguna burocracia que dictamine sobre el asunto, sino el simple deseo de articularse al dispositivo será suficiente para el ingreso.
La deliberada ausencia de procedimientos automáticos y burocratizados no  significa, sin embargo, la lógica de la puerta giratoria. Ningún juicio, ninguna evaluación prohibitiva,  ninguna comisión examinadora, pero sí la puesta en acto de una función que opere el movimiento de  pasaje: la designamos como la función del barquero.
El barquero será la función que cualquier integrante del dispositivo podrá cumplir frente al azar de recibir una demanda de ingreso.
Se trata, por un lado, de transmitir la modalidad de trabajo del CIL y los fundamentos del dispositivo en una relación de uno a uno que implique alojar y acompañar la entrada de quien desee sumarse.
Es decir, poner en acto la premisa propia del psicoanálisis: la dimensión de lo singular. Uno por uno, sin que se interpongan criterios de selección arbitrarios sostenidos desde algún Ideal.
Al mismo tiempo, por otro lado, será función del barquero subrayar – en el sentido más simple de acentuar, que  no equivale a  demandar-  cuál es el único óbolo simbólico requerido por el dispositivo para con el ingresante: la puesta en forma de un deseo de saber.
Esto es lo mismo que decir : constituirse como analizante respecto de la propia demanda de formación, frente a la cual el dispositivo no constituye garantía alguna, sino el medio, artefacto o instrumento con la que dicha demanda se podrá poner  a trabajar.
Es un simple recordatorio de la propuesta lacaniana para la formación de los analistas, en la medida en que la del psicoanalista  es una posición discursiva que no surge como resultado de la acumulación de algún saber académico, sino más bien de una singular manera de situarse frente al no-saber, la docta ignorancia y cuyo correlato clínico es designado con el término analizante acuñado  para señalar la posición desde la que es posible el forzamiento del no-querer-saber-nada-de-eso.
Sumarse a un colectivo de trabajo bajo el concepto de socio en un espacio que propicie la labor conjunta, pero a condición de avanzar sobre preguntas particulares conservando el rasgo de lectura propio, es la oferta constituida del Campo de investigaciones lacanianas.

domingo, 5 de junio de 2016

Fundamentos del dispositivo

Campo de Investigaciones Lacanianas (C.I.L.) La Plata

1.- Preguntas
Después de Lacan y con Lacan, las preguntas sobre la formación de los analistas siguen vigentes en su punto más estructural: ¿qué clase de espacios son los que promueven el pasaje a la posición de analista? ¿se trata de una posición que alguien adquiere de pleno derecho, ya-ahí, o depende de la puesta en acto de un discurso?¿es necesario estudiar, analizarse y supervisar para formarse como psicoanalista, o es una posición que adviene al final de un análisis? ¿ el fin de análisis garantiza la existencia de un psicoanalista? ¿Hay analista para todo caso de la demanda? , etc.
Jacques Lacan produce una serie de escrituras que, en su carácter de formalización-no-toda, permiten conducirse a través de la lógica por ellas abierta para continuar en las vías de un trabajo que, en su puesta en acto, resulte en la producción efectiva de un saber sobre la estructura – la cual existe por su reducción a letras : R (real) , S (simbólico) , I (imaginario) - y por lo tanto, en la elaboración de enunciados acerca de la figura del psicoanalista.
Con Freud, el psicoanálisis adquirió su estatuto y consistencia, previendo su continuación en el tiempo a partir del corte producido por la fundación de la IPA, espacio institucional que, apoyado en la función del Ideal I (A), produjo analistas como puro efecto de identificación; la ortodoxia, sostenida a la vez por una estructura de masa y la ritualidad de la jerga y de la mímica, fue el costo elegido por Freud para asegurar la perdurabilidad del método analítico.
El dispositivo elaborado por Lacan - denominado Escuela, en la tradición de las escuelas de filosofía griegas- fue ideado como alternativa al funcionamiento de masa, favoreciendo en su dinámica la efectuación de una posición analizante respecto de las preguntas en las que cada uno se encuentre sostenido.

2.- Escuela y posición analizante
De hecho, los lectores de la Proposición de octubre de 1967 sobre el Analista de la escuela, recordarán que Lacan concibe la formación de los analistas como efecto de la puesta en forma de dispositivos (psicoanálisis en extensión), que presenten la misma estructura que el psicoanálisis en intensión: esto es, la posibilidad de asumir una posición de psicoanalizante frente a la teoría de la que depende su formación.
La Escuela constituye un aparato discursivo que:
a) Repartiendo lugares y funciones permutables en el tiempo, tiende a no cristalizarse en ningún imaginario – o, al menos, a reducirlo al límite;
b) De su trabajo conjunto no se espera nada en especial, salvo que, como en todo discurso, en retroacción a su puesta en marcha habrá un producto y un efecto de verdad.
El escenario actual del psicoanálisis en lo que hace a la formación presenta una vez más, de manera mayoritaria y sintomática, agrupamientos institucionales afectados por la incidencia del Ideal I(A) que en su ordenamiento masificado y piramidal -y virando entre el discurso Amo o Univesitario-, constriñen la emergencia de la producción y el pensamiento.
Nos preguntamos si resulta posible la puesta en acto de dispositivos que no se deslicen hacia la estructura de masa y que, sin caer en un mero procedimiento nominal (donde por anticipado se crea que por llamar “Escuela” a un agrupamiento, éste funcionará como tal), posibiliten la puesta en práctica de la lógica de la propuesta lacaniana.
Creemos que esto es factible en caso de sustituir el significante del Ideal I (A) - como aquello en derredor de lo cual se ordena un agrupamiento- , por la función del Saber-en falta, cuya escritura matematizada proponemos como: $2 (sujeto barrado subíndice 2).

3.- Campo, espacio éxtimo
A lo Institucional, como territorio cerrado que impone sus límites bien definidos a todo lo que acontece por dentro o por fuera (sobre todo en lo que hace a las dicotomías verdadero/falso , miembro/no miembro , amigo/enemigo , ortodoxia/herejía y tantas otras) , la lógica desarrollada por Lacan permite construir una alternativa sostenida en la noción de Campo: lugar que presenta un contorno delineado por ciertas coordenadas y mojones, pero que no constituye un espacio cerrado – en ninguno de los sentidos : simbólico, imaginario, real -.
Las premisas en función de las cuales es posible recuperar el término Campo para designar un colectivo de analistas, pueden encontrarse en los textos institucionales de Lacan, más precisamente en “Decolaje o Despegue de la Escuela” ( 11/3/80) y “El Señor A. “
La noción de campo permite la puesta en práctica del concepto de extimdad, donde lo exterior-interior se articulen en un movimiento moebiano que sostenga su dinámica en la no-consistencia de las identificaciones, esto es : ni masa ni fraternidad, sino permutación continua de lugares y funciones.
Es decir que resulta factible la puesta en marcha de un dispositivo que no se estructure de manera piramidal y en el que la burocracia se vea reducida a su mínima expresión, en la medida en que el deseo- de -saber sea se constituya en el pilar que regule los intercambios.

4.- Investigación y deseo de saber
Esta estructura éxtima, no piramidal y no burocrática, basada en la lógica del no-todo propuesta por Jacques Lacan, habilita una posición frente al saber que implica el cuestionamiento y relativización de cualquier ortodoxia – propia del discurso religioso-, en favor de lo que en el discurso científico, del que procede el psicoanálisis, se denomina investigación , perspectiva desde la que las preguntas tienen tanto o más valor que las respuestas.
Investigar es menos un procedimiento académico que una posición subjetiva frente al saber y la verdad.
Es por ello que, en contraposición a lo institucional, cuyo funcionamiento burocrático se cristaliza en el automatón del dictado de clases y cursos en los que el saber circula cosificado, en forma de respuestas definitivas y como un producto acabado, la noción de campo propicia un flujo de intercambios basados en aquello que Michel Foucault denomina “control de investigación”, en los que la transferencia de trabajo es el lazo que permite suscitar el deseo de saber en torno al saber-en-falta – como punto de fuga en el horizonte- .

5.- La función del socio (socius)
Para esto, la pertenencia al dispositivo no se apoyará en las nociones tradicionales de “miembro”, “adherente” u otras designaciones que determinen cortes taxativos entre interior/exterior , sino en la función del término latino “socio” - socius, del que extraemos los favores de su significación etimológica: asociado, aliado, compañero.
Esta función del socius será el engranaje que favorezca los movimientos del saber y la verdad en una dialéctica que no imponga lugares fijos ni pre-establecidos (alumno/profesor, etc) que conlleven a cristalizar consistencias imaginarias.
De este modo, partiendo del valor que presenta el recorrido hecho y por hacer de cada socio y que en cuanto tal será des-semejante al de cualquier otro, se pondrá de relieve la dimensión fundamental del psicoanálisis en intensión : lo singular, que se desprende de la noción de sujeto.
Desde la perspectiva, entonces, de un dispositivo estructurado como campo de investigación y basado en la función del socio que ubica en primer plano lo singular, no resulta esperable algún resultado que implique una enunciación colectiva que se convierta en doctrina u ortodoxia.
Ningún objetivo de conjunto, pues, salvo la responsabilidad aceptada de participar de la función del socius en cuanto al saber-en –falta , así como no habrá, del trabajo que cada uno esté dispuesto a realizar en el dispositivo, un beneficio de formación que pueda calcularse por anticipado : sólo la certidumbre de un trabajo por hacer, signado por el deseo.

6.- Una ética de lectura
En cuanto a la puesta en acto del dispositivo, y al no contemplar el automatismo del dictado de clases o cursos, se efectuará en base a reuniones de control de investigación, en las que cada socio irá presentando el resultado siempre parcial de su trabajo alrededor de los textos sobre los que el conjunto se decida investigar.
Si el acto de investigar tiene su punto de partida en la presunción de un saber-en-falta, entonces no habrá otra meta más que forjar una determinada posición frente a los textos, basada en el deseo de saber y la rigurosidad en el abordaje, en definitiva, la construcción de una ética de lectura en una comunidad de trabajo.

La Plata, Marzo de 2015.